Sopa de ajo castellana: pan del día anterior, ajo, pimentón, jamón y huevo, en cazuela de barro
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La sopa de ajo, o sopa castellana, es uno de los platos más sencillos y reconfortantes de la cocina española: pan duro, ajo, pimentón, un poco de jamón y caldo, con huevo escalfado o batido al final. Nació como comida de aprovechamiento en las casas de Castilla y León, se toma en invierno y en Cuaresma, y es famosa como remedio después de una noche larga.
Ingredientes (4 personas)
200 g de pan del día anterior, mejor de hogaza;
6 dientes de ajo;
100 g de jamón serrano en taquitos, opcional;
1 cucharada de pimentón dulce (o de la Vera, ahumado), y una pizca de picante si se quiere;
1,2 litros de caldo de carne o de pollo, o agua;
4 huevos;
aceite de oliva y sal.
Preparar el pan
Cortar el pan en rebanadas finas o en trozos pequeños.
El sofrito
En una cazuela de barro o una olla, calentar un buen chorro de aceite y dorar los ajos laminados a fuego suave, sin que se quemen.
Añadir el jamón y rehogar un minuto.
Incorporar el pan y removerlo para que absorba el aceite.
Apartar del fuego, añadir el pimentón y remover rápido: si se quema, amarga.
La cocción
Verter el caldo caliente, salar con cuidado (el jamón y el caldo ya llevan sal) y cocer a fuego lento unos 15 o 20 minutos, hasta que el pan se deshaga un poco y la sopa espese.
El huevo
Opción tradicional: cascar los huevos directamente en la sopa y dejarlos escalfar unos minutos, con la yema blanda.
Opción rápida: batir los huevos y echarlos en hilo, removiendo, para que cuajen en hebras.
Algunas casas meten la cazuela al horno unos minutos para que se gratine.
Servir
Muy caliente, en la misma cazuela de barro o en cuencos individuales.
Consejos
El pan bueno y algo seco es clave: el de molde se deshace demasiado.
Hay versiones con chorizo, con comino o sin carne, para los días de vigilia.
Recalentada al día siguiente queda más espesa; añadir un poco de caldo si hace falta.