Zarangollo murciano: calabacín y cebolla pochados despacio con huevo, la tapa de la huerta de Murcia
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El zarangollo es una de las tapas más típicas de Murcia: calabacín y cebolla cortados finos y pochados muy despacio en aceite de oliva hasta que quedan tiernos y dulces, y después ligados con huevo batido. Es un plato de la huerta murciana, sencillo y barato, que se come caliente o templado sobre pan, o como acompañamiento. Algunas casas le añaden patata.
Ingredientes (4 personas como tapa)
3 calabacines medianos;
2 cebollas;
1 patata pequeña, opcional;
4 huevos;
aceite de oliva virgen extra;
sal y un poco de orégano, opcional.
Cortar
Pelar o no los calabacines, al gusto, y cortarlos en láminas finas o medias lunas. Cortar la cebolla en juliana fina.
Si se usa patata, cortarla en láminas muy finas, como para tortilla.
Pochar
Calentar un buen chorro de aceite en una sartén amplia y añadir la cebolla. Cocinar a fuego bajo unos diez minutos.
Incorporar el calabacín (y la patata) con un poco de sal y seguir a fuego suave, removiendo de vez en cuando, unos 25 a 30 minutos, hasta que todo esté blando y el calabacín haya soltado y evaporado su agua. No debe tostarse: el color ha de quedar claro.
El huevo
Batir los huevos con una pizca de sal y verterlos sobre la verdura.
Remover suavemente a fuego bajo, como un revuelto, hasta que cuaje pero siga jugoso.
Servir
Caliente o templado, sobre una rebanada de pan o en cazuelita como tapa.
En los bares de Murcia se sirve junto a otras tapas de la tierra, como la marinera (ensaladilla sobre una rosquilla con una anchoa), el pastel de carne o las michirones.
Consejos
La paciencia es la clave: a fuego alto el calabacín se quema por fuera y queda crudo por dentro.
Cuanto más fino el corte, más meloso queda.
Hay versiones sin huevo, más parecidas a un pisto suave, y otras con un toque de comino.